La oración

Desde la antigüedad el hombre ha sido consciente de que existe un poder superior y ha practicado la oración como un método para lograr estados alterados de conciencia que le permitieran comunicarse con las dimensiones espirituales para intentar sintonizar con la sabiduría del Universo y la conciencia Divina. 
Con la oración nos abrimos al Padre tal como somos, pidiéndole que nos haga participar de su sabiduría divina, que nos guié y que nos infunda parte de su Luz. 
Es una terapia que nos permite liberarnos de las cargas del mundo material que nos hemos creado, vencer la gravedad y despegar volando hacia la dimensión espiritual que nos reconforta y suple las deficiencias de nuestras vidas poniéndonos en contacto con el Amor Cósmico y Universal y con la Luz serena del Padre.

Realizada sinceramente con atención y conciencia tiene un poder transformador porque nos vuelve seres más auténticos, más puros y más libres de las cadenas que nosotros mismos nos hemos autoimpuesto y porque al desnudarnos ante nosotros mismos nos hace conscientes de nuestras zonas oscuras y de los hitos que debemos ir superando para avanzar en nuestro camino de evolución espiritual. 
A través de Ella nos acercamos a lo espiritual y vamos construyendo nuestras vidas con unos sólidos cimientos divinos de autenticidad, honestidad y amor, los cuales nos sostendrán firmemente como rocas ante los reveses de la vida. 
Cuando nos sintamos caer, el Gran Espíritu nos acogerá en sus alas de Luz.

La Meditación y la Oración son dos caminos complementarios en el camino del Reiki

y en nuestro proceso de crecimiento espiritual y de evolución hacia la Unidad con el Creador, de forma que cuando oramos nuestro espíritu asciende hacia Dios y cuando meditamos la luz de Dios desciende hacia nosotros. 
Con la Oración nos sentimos entidades separadas del Todo porque percibimos a Dios en un plano superior al nuestro, mientras que con la meditación nos fundimos en un estado de comunión con Dios y con el mundo espiritual sintiéndonos parte de la Unidad y del Plan divino; por ello la oración aumenta nuestra intimidad con el Creador y la meditación complementa nuestro retorno al origen potenciando la sensación de unidad con Dios.



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